Hace mucho tiempo, cuando Twitter apenas era lanzado al mercado y Facebook era la principal plataforma de red social (habiendo reemplazado a Hi5 y MySpace), escribir mensajes por plataformas como BBM (de BlackBerry), iMessage, WhatsApp, Facebook Messenger, entre otros, era lo normal en mi círculo de amigos. En aquellos tiempos, sin conocimiento de la mayoría, se estaba normalizando la comunicación instantánea como una de las principales formas de mantener el contacto con familiares, amigos y conocidos. Mantenerte constantemente en conversación con otros era una necesidad si querías mantenerte relevante en cualquier grupo social.
Con el tiempo, pude notar algo interesante en la forma en la que nos comunicábamos a través de estas plataformas. Cada quien tenía una forma peculiar, única y auténtica de escribir. Con un poco de esfuerzo era fácil identificar quién escribía qué, por detalles tan pequeños como el uso (o la falta) de signos de puntuación y en qué lugares los usaban, la capitalización de ciertas palabras, la combinación o repetición de palabras; hasta las faltas ortográficas tenían patrones y mantenían cierta consistencia. No sé si alguien más ha podido notar este tipo de cosas, pero para mí era de lo más normal.
Para ponerlo en perspectiva, mostraré algunos ejemplos.
Uno de mis amigos escribía con exactamente dos puntos finales al final de cada oración. Claro que no puedo recordar exactamente cómo escribía, pero solo para ilustrar:
Con el tiempo, pude notar algo interesante en la forma en la que nos comunicábamos a través de estas plataformas. Cada quien tenía una forma peculiar, única y auténtica de escribir. Con un poco de esfuerzo era fácil identificar quién escribía qué, por detalles tan pequeños como el uso (o la falta) de signos de puntuación y en qué lugares los usaban, la capitalización de ciertas palabras, la combinación o repetición de palabras; hasta las faltas ortográficas tenían patrones y mantenían cierta consistencia. No sé si alguien más ha podido notar este tipo de cosas, pero para mí era de lo más normal.
Para ponerlo en perspectiva, mostraré algunos ejemplos.
Uno de mis amigos escribía con exactamente dos puntos finales al final de cada oración. Claro que no puedo recordar exactamente cómo escribía, pero solo para ilustrar:
"No hay forma de saberlo.." "Ah, sí, claro.."
También tuve un amigo que, por extraño que parezca, escribía con todas las palabras en mayúscula (sin estar molesto, enojado o gritando):
"JAJAJA ESO ME HA PASADO"
Había otros que hasta para expresar alguna emoción utilizaban formas únicas:
"HAHAHA"
"jajajJAJAJA"
"En seriooooooo"
"¿Qué??????"
"¿Qué?!!!!!"
Todos estos ejemplos son bastante triviales. La cuestión de estas observaciones es que, si pasas suficiente tiempo leyendo a alguien, puedes notar los detalles más pequeños que caracterizan cómo la persona escribe, y en ocasiones, hasta cómo piensa.
Inevitablemente, también empecé a ser muy consciente de la forma en la que yo escribía. Noté que cuando estaba escribiendo desde mi computadora en vez del celular, solía escribir de una forma más correcta (tildes, comas, puntos finales); solo el hecho de tener un dispositivo diferente cambiaba la forma en la que escribía. Otros también notaban estos cambios, al punto de creer que el hecho de utilizar puntos finales en cada oración significaba que estaba enojado o molesto por algo. Incluso el hecho de usar o no usar emojis (en aquel entonces se escribían de formas curiosas: :), :D, xD).
Todas esas experiencias me hicieron reflexionar, en algún punto en el pasado, sobre cómo la comunicación por texto es extremadamente más compleja que la comunicación verbal, destacando que la comunicación verbal es en sí misma compleja por naturaleza. En texto no hay imagen, ni rasgos, ni expresiones; solo hay información dibujada en líneas interpretada de cualquier forma que el receptor considere. Es una transacción más monótona, y en un esfuerzo por agregarle carácter, hemos bifurcado el significado de las cosas. Las risas prolongadas, las palabras en mayúsculas, el uso de puntuaciones específicas, incluso la ausencia de elementos, pueden ser utilizados para darle expresión a lo que se escribe.
Escritos artificiales
¿Por qué menciono estas cosas?
Bueno, resulta que hoy día me he dado cuenta de que el mismo fenómeno se ha repetido. Pero ahora… lo que lo diferencia es que, por cierta razón que creo es obvia, todo el mundo escribe de la misma manera. Todos usan las mismas palabras, las mismas oraciones, las mismas secuencias; repiten los mismos errores, usan el mismo tono. Es increíblemente decepcionante lo plástico y artificial que se siente leer cualquier cosa en estos tiempos. He llegado a pensar que hasta las faltas ortográficas hoy día parecieran ser rastros de autenticidad en vez de desconocimiento gramatical.
Claro, esto no sucede de forma tan frecuente en chats impersonales e informales, pero sí en artículos de opinión, publicaciones en redes sociales, correos electrónicos y documentos en el trabajo. En casi todo contexto donde existe la oportunidad, ya nadie escribe como sí mismo, sino que regurgita palabras fabricadas. Algunos hacen un esfuerzo en disfrazarlo: cambian palabras, quitan y ponen; pero la esencia del texto sigue siendo bastante obvia.
Algunos ejemplos que en ocasiones hasta risa causan son el uso de negritas en una oración; hace algunos años nadie usaba negritas a menos que fueran casos bien particulares. Los “em dashes”, que para los de habla hispana son la “raya”, solo se utilizaban en libros, para indicar el inicio de un diálogo entre personajes.
Hay intentos de “humanizar” el contenido generado artificialmente por IA, pero es inevitable que nos demos cuenta. Los escritos por IA son, en su núcleo, predicciones estadísticas de combinación de palabras coherentes en la mayoría de los casos posibles bajo los cuales fue entrenada esa herramienta. Escribir, por ejemplo, “Es un hermoso día, vamos a un pantano” es algo que solo un humano puede escribir, pues contextual y estadísticamente es improbable que una IA escriba de tal manera.
Bueno, resulta que hoy día me he dado cuenta de que el mismo fenómeno se ha repetido. Pero ahora… lo que lo diferencia es que, por cierta razón que creo es obvia, todo el mundo escribe de la misma manera. Todos usan las mismas palabras, las mismas oraciones, las mismas secuencias; repiten los mismos errores, usan el mismo tono. Es increíblemente decepcionante lo plástico y artificial que se siente leer cualquier cosa en estos tiempos. He llegado a pensar que hasta las faltas ortográficas hoy día parecieran ser rastros de autenticidad en vez de desconocimiento gramatical.
Claro, esto no sucede de forma tan frecuente en chats impersonales e informales, pero sí en artículos de opinión, publicaciones en redes sociales, correos electrónicos y documentos en el trabajo. En casi todo contexto donde existe la oportunidad, ya nadie escribe como sí mismo, sino que regurgita palabras fabricadas. Algunos hacen un esfuerzo en disfrazarlo: cambian palabras, quitan y ponen; pero la esencia del texto sigue siendo bastante obvia.
Algunos ejemplos que en ocasiones hasta risa causan son el uso de negritas en una oración; hace algunos años nadie usaba negritas a menos que fueran casos bien particulares. Los “em dashes”, que para los de habla hispana son la “raya”, solo se utilizaban en libros, para indicar el inicio de un diálogo entre personajes.
Hay intentos de “humanizar” el contenido generado artificialmente por IA, pero es inevitable que nos demos cuenta. Los escritos por IA son, en su núcleo, predicciones estadísticas de combinación de palabras coherentes en la mayoría de los casos posibles bajo los cuales fue entrenada esa herramienta. Escribir, por ejemplo, “Es un hermoso día, vamos a un pantano” es algo que solo un humano puede escribir, pues contextual y estadísticamente es improbable que una IA escriba de tal manera.
Basura, basura
Quizás lo que más me preocupa es que, en un futuro no muy lejano, pocos serán los que escriban de forma auténtica. El mayor porcentaje de información disponible será generado por herramientas, y eso puede que tenga aspectos positivos; por ejemplo, hoy más que nunca el conocimiento de las cosas queda por escrito, pues la dificultad de llevar un conocimiento a texto es prácticamente nula.
Sin embargo, pensando de una forma más sistemática, el incentivo de generar contenido responsable, ético, concreto, verificable y auténtico ya no existe. Quienes escriben (tales pocos) lo harán porque les gusta (y son pocos). De igual forma, como el costo de redactar miles de palabras está al alcance de una “instrucción” y de varios segundos, será más difícil dedicar tiempo a que un autor revise lo que se genera; el valor está en la frecuencia y el volumen, no en la calidad ni en su valor intrínseco.
Navegar la biblioteca de conocimiento humano más grande (Internet) es ahora un campo minado de desinformación, de contenido basura, de imitaciones y copias baratas. Requiere un arduo esfuerzo depurar y consumir solo lo que realmente vale la pena.
¿Qué nos espera en el futuro?
Es una pregunta que alberga esperanza, pero también frustración.
Ojalá podamos entender el impacto de nuestras acciones.
Sin embargo, pensando de una forma más sistemática, el incentivo de generar contenido responsable, ético, concreto, verificable y auténtico ya no existe. Quienes escriben (tales pocos) lo harán porque les gusta (y son pocos). De igual forma, como el costo de redactar miles de palabras está al alcance de una “instrucción” y de varios segundos, será más difícil dedicar tiempo a que un autor revise lo que se genera; el valor está en la frecuencia y el volumen, no en la calidad ni en su valor intrínseco.
Navegar la biblioteca de conocimiento humano más grande (Internet) es ahora un campo minado de desinformación, de contenido basura, de imitaciones y copias baratas. Requiere un arduo esfuerzo depurar y consumir solo lo que realmente vale la pena.
¿Qué nos espera en el futuro?
Es una pregunta que alberga esperanza, pero también frustración.
Ojalá podamos entender el impacto de nuestras acciones.