Ahora a barajar los grupos
Enrique Canales/Reforma
Va una aclaración de Botana: se me acusó en una misiva que yo había quebrado una empresa de tecnología cuando la empresa no era empresa quebrable, sino era una polla de aportaciones para realizar proyectos dirigidos por los capitanes de esa industria.
Además, esa empresa de tecnología no podía quebrar porque nunca debió dinero y siempre rindió beneficios a sus dueños. Es más, aún después de que yo me saliera de esa empresa, hará unos 12 años, siguió jalando por varios años con muy buenos directivos.
En dicha organización de investigación se obtuvieron muchas patentes en Estados Unidos y muchos adelantos tecnológicos en secrecía de alto rendimiento. Los grupos de trabajo y de investigación de esa empresa estuvieron en constante barajeo, con lo cual pudieron después formar parte de otros grupos de trabajo en empresas filiales. Ahora, esos grupos renovados siguen funcionando haciendo investigaciones de punta.
Por último, quiero aclarar que cuando yo salí para irme a sacar mi doctorado en Administración de Tecnología en la Universidad de Houston, la empresa matriz y varias de sus divisiones continúan el esfuerzo de tener ventajas competitivas tecnológicas. En fin, las calumnias son virtuales; sin embargo –como las piedras concretas- a veces se lanzan para tratar de hacer daño. En este caso, ocasionó risas entre los que saben. Bueno.
Ahora bien, nada hay más práctico que una buena teoría, decía Kurt Lewin. Y la teoría de innovación en grupos de trabajo nos dice que todo grupo que llega con el tiempo a ser muy unido, muy cohesivo, termina por ser poco innovativo. Por lo tanto, en dicha empresa procuramos en aquel entonces modificar los grupos de trabajo; metimos y sacamos gente, hacíamos lo que llamábamos operaciones de “cincho y remuda”. Ni modo, en empresas de innovación lo importante es hacer lo que todavía pocos o nadie saben hacer. Se trata de ganar la guerra competitiva, y la gente adquiere su importancia dependiendo del resultado de esa guerra. Si se gana, hay más trabajo; si se pierde, se puede perder el trabajo. Entonces, una persona es importante si aporta; si no aportas no importas.
Eso crea una diferencia fundamental entre los centros de investigación con patrocinador estatal, universitario o de asistencia mundial. En una sociedad pachona, la gente de investigación se amorcilla; en una sociedad liberal, tienes que competir. En una empresa privada la guerra es real y la muerte es por desempleo. Si tu proyecto gana, entonces vives; y si tu proyecto se alarga y se atora, llega el enemigo y te quita los clientes. Entonces te tienes que ir a una universidad o a que te mantenga el gobierno.
Hay instituciones religiosas, de caridad, de educación y del tipo humanistas que viven de pedir, que se pueden dar el lujo de considerar a la gente como lo más importante, sin tomar en cuenta el resultado de las tareas. En una empresa de investigación tecnológica privada, tu guerra competitiva particular la tienes que ganar; si no la ganas, no hay dinero para sueldos.
Entonces, a principio de año de 1999, conviene cuando menos estar de acuerdo en tres cosas: a) si no modificamos lo que estamos haciendo vamos a terminar muy mal el año; b) para modificar lo que estamos haciendo tenemos que innovar; c) la teoría comprobada dice que un grupo de trabajo que trabaja en armonía, con los años se echa a perder a partir del cuarto o quinto año, y deja de ser innovativo. ¿Por qué deja de ser innovativo un grupo cuando es muy armonioso? Porque cuando un grupo de trabajo se lleva muy bien, no quieren arriesgar a perder esa armonía tan sabrosa, y entonces en forma inconsciente empiezan a dejar de criticarse entre sí. Pronto todos se vuelven muy amables y sonrientes; nadie quiere pleito; se vuelven hermanitos bondadosos y no aplastan ni un solo bombón.
Para ser innovativo, se requiere cierto grado de agresividad, de esa sana agresividad producto del rigor racional; de esa agresividad necesaria para mantenerse en la frontera del conocimiento y en la punta del quehacer. Los proyectos de investigación tecnológica de punta requieren de esa tensión, esa exactitud, ese rigor que pudiera confundirse con enemistad o con dificultad de trato, pero no es así. Se puede tener humor y rigor; lo que no se puede tener es paciencia y complacencia de uno para con el otro.
Entonces, a principio de este año 1999, si queremos estar mejor parados comenzar el nuevo y artificial milenio, nos conviene modificar los grupos de trabajo; especialmente los que ya tienen mucho tiempo de trabajar juntos.
No tiene chiste saber trabajar en equipo cuando se tiene muchos años de trabajar con el mismo equipo. El chiste es saber trabajar con cualquier equipo de trabajo. No se trata de saber tocar en una orquesta, se trata de saber tocar rápidamente en una nueva orquesta y con cualquier otra orquesta.
Necesitamos para este año proyectos cortos, efectivos: orquestas pequeñas y rápidas. Aprender a trabajar solos y aprender a trabajar con cualquier equipo.
Ahora bien, no hay que confundir el cultivo de una amistad, con el saber trabajar en armonía con un equipo. La amistad es una relación más interior, con una perspectiva de caminar anímicamente por la vida y no depende de una sincronía en una tarea dada. El trabajo en equipo no requiere una perspectiva de vida, requiere tan sólo una claridad de objetivos, una sincronía de quehaceres, un ensamble de actividades.
Iniciemos el barajeo, quitemos el moho a los equipos de trabajo que tienen mucho de trabajar bien. Hay otras formas de trabajar que no se van a ver, a menos que hagamos el barajeo de los grupos.