José Antonio David Nasser

March 9, 2026

Antes del colapso | Eduardo Caccia

Antes del colapso
Eduardo Caccia
@eduardo_caccia

La abundancia no garantiza el bienestar: un experimento sugiere que las sociedades también pueden morir por falta de propósito.

Antes del colapso, egoísmo, miseria, desolación y muerte..., asi, en tono apocalíptico, comienza un discurso que alguna vez hizo mi padre para su club de oratoria. Eran los años setenta. Su mensaje evocaba calamidades que han sido una constante en la historia de la humanidad. Y por lo que vemos estos días de conflictos aciagos, parece que seguirán siendo. Me pregunto como sería nuestra existencia si viviéramos en condiciones ideales, sin mayor conflicto entre nosotros, en un contexto armónico y sin carencias. ¿Qué pasaría si esto no fuera una utopía? Donde la realidad no llega, la literatura y la ciencia han abordado conjeturas.

Uno de los intentos por responder a esa pregunta ocurrió con un experimento llamado "Universe 25", realizado en la década de los sesenta por el etólogo John B. Calhoun. Su objetivo era estudiar qué ocurre cuando una población vive en condiciones ideales: alimento ilimitado, agua constante, ausencia de depredadores, clima controlado, espacio (inicialmente) suficiente. Para hacer posible la utopía, usó ratones. Y la variable crítica que introdujo no fue la escasez sino la densidad poblacional. El área designada podía albergar 3,800 individuos. Inició con cuatro parejas de roedores.

Los primeros pobladores se dedicaron a explorar el entorno y se reprodujeron. Después de una fase adaptativa, vino un crecimiento exponencial. La población se duplicó cada 55 días. Cuando aumentó la densidad empezaron las conductas hostiles, se desorganizaron las jerarquías, las madres abandonaron o atacaron crías, surgieron individuos socialmente huraños.
Luego de esta etapa de clara degradación, vino algo peor: el colapso conductual. Los machos se volvieron más agresivos, las hembras se retrajeron (desinteresadas en reproducirse), surgieron conductas sexuales desordenadas, canibalismo, y apareció una nueva clase de ratones: los "hermosos", individuos que solo comian, dormian y se acicalaban. Una especie de vividores.

A pesar de que había alimento y espacio fisico disponible, la estructura social colapsó. La reproducción cayó a cero, la población envejeció y el grupo, finalmente, se extinguió. Si bien el experimento no es una predicción directa del destino humano y no prueba que una sobrepoblación lleve al colapso, sí nos da pistas sobre algunos aspectos importantes. ¿Qué pasa cuando el problema no es sobrevivir; sino convivir?.

Claramente abundancia no equivale a bienestar. El experimento sugiere que los problemas sociales no se explican únicamente por la escasez de recursos o su redistribución. El derrumbe social ocurrió no por falta de comida sino por saturación social, pérdida de roles, ruptura de jerarquías funcionales y, sobre todo, un desdibujamiento del propósito. El gran aporte de Calhoun es implicar que hay una muerte social antes que la biológica: el momento en que una comunidad se degrada, pierde su propósito, sus roles y su necesidad de los otros. Sin motivos para esforzase hay pérdida de sen-tido. Aquí es cuando el experimento nos toca la puerta.

El gran aprendizaje de "Universe 25" es que la sociedad murió antes de que murieran los individuos. Y si bien no es profético para la especie humana, sí es una advertencia sobre la existencia de sistemas sociales sin un propósito evolutivo. Quizá por eso el experimento debería resonarnos. Vivimos en una época que promete eliminar la fricción: gratificación inmediata y constante, y tecnologías (como la inteligencia artificial) que seducen con reducir el esfuerzo humano. ¿Menos trabajo y más tiempo libre nos harán más felices?.

Aunque los seres humanos no somos ratones -y nuestras instituciones, cultura y lenguaje introducen variables radicalmente distintas-, el experimento funciona como una metáfora inquietante sobre la fragilidad de cualquier estructura social. La paradoja es clara: el deterioro no nació de la escasez, sino de la abundancia. Había comida, espacio y seguridad; lo que empezó a escasear fue algo más difícil de sostener: la sana convivencia. "Egoísmo, miseria, desolación y muerte...". Quizá sean recordatorios.

Sin desafios que enfrentar, una comunidad corre el riesgo de perder aquello que la mantiene viva: su propósito. Quizá la aspiración no debería ser vivir en una utopía, sino desarrollar las herramientas para enfrentar la adversidad que da forma y sentido a la vida.